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Roberto Arlt
Encarnación de la crisis del 30, fue vocero de la masa silenciosa y del hombre de la calle. Cuando Natalio Botana convocó en "Critica" a poetas jóvenes y bisoños cuentistas, Roberto Arlt se convirtió en cronista policial para los lectores ávidos de sensacionalismo, fútbol y carreras.
Estaba predestinado a indagar en el submundo, y en la década del 30 al 40 Alberto Gerchunoff lo ganó para "El Mundo" donde sus "Aguafuertes porteñas" fueron una nueva mirada de la ciudad, más transparente.
Hombre de contradicción interior y de coherencia extrema, despotrica contra Dios pero lo añora: se lo creyó ateo. No era ideólogo pero lo suponían marxista.
Su libertad expresiva provocaba el rechazo de los literatos cuando usaba palabras rescatadas de los clásicos españoles mezcladas con barbarismos.
Herético a veces, vivió en el desencuentro y marginado por un mundo intelectual que un día lo reconoció. Conquistó en vida a los lectores; ideal de un periodista.
Por Raúl Urtizberea
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