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La conciencia profesional del periodista
Cualquier aproximación al tema de la ética profesional del periodista desembocará en un intento fallido si no se sustenta sobre un diagnóstico preciso y certero de la situación que atraviesan hoy en el mundo, las actividades relacionadas con la comunicación social.
Los cambios producidos por el impacto de la revolución tecnológica han puesto en crisis el concepto comunicacional clásico, que concebía al periodismo como una profesión orientada a la emisión de mensajes unidireccionales.
En ese escenario tradicional, el periodista aparecía como el emisor de un valor (por ejemplo, una información o un comentario editorial) que el público receptaba y evaluaba –o no- de acuerdo con su propia capacidad crítica o de análisis.
La realidad a la que hoy nos enfrentamos tiene poco que ver con ese esquema comunicacional diáfano y lineal. Los cambios tecnológicos han provocado una explosión informativa que ha modificado sustancialmente el universo de la comunicación.
El alud informativo
El esquema de hoy, en materia informativa ya no es unidireccional, sino multidireccional e interactivo. La información no circula ya sobre la base de una relación ordenada y esquemática entre el hombre de prensa y sus lectores. La información asume hoy la forma de un torrente incontenible, que se traslada de un emisor a otro y e retroalimenta permanentemente.
La interacción entre la prensa gráfica y los medios electrónicos ha adquirido una vitalidad extraordinaria, a la que se suma la creciente tendencia del público receptor a convertirse a su vez, en emisor u opinante, como se advierte con el incremento de las secciones de cartas de lectores en la prensa gráfica y con el torrente de llamados telefónicos a las emisoras de radio y TV.
Como resultado de ese vigoroso proceso interactivo, la información se comporta, por momentos, como un potro irrefrenable que galopa por las pistas informáticas y que nadie parece en condiciones de controlar.
El escenario tiene poco que ver, entonces, con el que acompañó el nacimiento del país de un periódico o un editorial salido de la pluma de Sarmiento, de Alberdi o de Vélez Sarfield producía el encuentro prolijo y ordenado entre el emisor de un pensamiento o de una idea y su receptor o destinatario.
Principios inmutables
Esto no significa que los principios esenciales que amparan el ejercicio de la libertad de prensa deban sufrir algún cambio, alguna mutación. Esos principios son inmutables, no sólo porque nacen del reconocimiento de la dignidad esencial de la persona humana sino también porque son el soporte sustancial y estratégico de la sociedad democrática. Pero si el marco institucional y jurídico de la libertad de prensa no puede sufrir mengua alguna, los criterios que iluminan la responsabilidad ética del periodista deben reflejar, necesariamente, algunos cambios que el avance tecnológico ha producido.
La misión de los hombres de prensa, examinada a la luz e las contradicciones y complejidades de la realidad social y cultural de hoy nos envuelve, debe estar orientada, cada vez con más fuerza al objetivo de servir a la verdad informativa sobre la base de una elaboración precisa y clara del contexto en el que cada hecho o cada noticia se recorta.
Una información descontextualizada puede convertirse, aún sin la intención expresa de quien la transmite, en una información falsa o inexacta. En un medio sobresaturado de informaciones que se multiplican por la propia dinámica de la infraestructura tecnológica que le sirve de soporte y que muchas veces colisionan entre sí, el periodista debe ser más que nunca el profesional lúcido capacitado para ordenar, evaluar y dimensionar las informaciones en función de su preciso valor.
Los imperativos éticos
El trabajo de los trabajadores de la prensa, a la luz de los imperativos éticos que emanan de su vocación profesional, debe servir a la comprensión de una realidad muchas veces esquiva y contradictoria. Y debe proporcionar a los receptores del mensaje periodístico los elementos que lo pongan a resguardo de la deformación, al exageración o la confusión, provocadas –a menudo- por la falta de un procedimiento informativo sereno y eficaz.
Elaborar contextos darle al público la brújula que le permita poner orden en el escenario informativo cotidiano: ese es el desafío ético del periodista en los agitados tiempos que corren.
Y deben saber hacerlo sin retacear no recortar en lo más mínimo el caudal de noticias que trascienden al público simplemente, adicionándole a cada suceso el análisis interpretativo y contextualizador que ayude a su mejor comprensión.
Para hacer honor a ese compromiso, el periodista cuenta con algunos instrumentos tan antiguos como fundamentales: su sentido ético, su inteligencia analítica, su vocación se servir a la verdad. Esas armas deben serle suficientes. Todo lo demás le serás dado por añadidura.
Bartolomé de Vedia |