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El 22 de julio de 2004, en el salón de actos del Museo Mitre, se realizó la incorporación como miembro académico de número del periodista Dr. Nelson Castro, quien disertó sobre el tema “La realidad del periodismo en el presente de la Argentina”. Presentó al nuevo miembro el periodista José Ignacio López.
Presentación
José Ignacio López
Pocas misiones más gratas que esta con la que me ha honrado el doctor Nelson Castro, Nelson, como lo llamamos no solo sus amigos y sus colegas que con sobrada razón lo distinguimos y respetamos sino, sobre todo, como lo llama y conoce esa legión de oyentes y de telespectadores, que a diario recibe su ejemplar testimonio de ciudadano y de periodista. Porque en la trayectoria profesional de Nelson se refleja con elocuencia la coincidencia del ciudadano con los fines fundamentales que han de caracterizar a esta Academia a la que hoy se incorpora en esta sesión pública para ocupar el sillón de Olegario Víctor Andrade. Fines que al iniciarse esta serie de sesiones públicas fueron lúcidamente expresados por quien nos preside: primero, que la función del periodismo acredite la condición de agente dinámico de la cultura; segundo, que sostenga el derecho constitucional de que todos puedan publicar sus ideas por la prensa sin censura previa y, tercero, que el ejercicio del periodismo se realice fundado en principios éticos y se manifieste por un constante ejercicio de la verdad, de la expresión de un pensamiento ecuánime para juzgar los actos individuales o sociales y de permanente defensa de los principios republicanos y democráticos.
Desde hace veinte años cuando ganó por concurso la conducción del programa Convocatoria de Radio Municipal, la radio de esta ciudad, Nelson ofrece cotidianamente un empinado testimonio de compromiso con esos valores. Aquella voz paseó desde entonces por distintos puntos del dial y hoy, es ya inconfundible no solo para los oyentes porteños sino para los de todo el país. Tan inconfundible como su insobornable conducta que constituye un sello de honestidad, de rigor profesional, de respeto por las ideas y por las elementales reglas de juego de la comunicación democrática.
Puntos de Vista, en la radio; El juego limpio, en la televisión, son los títulos que Nelson escogió como emblemas y que constituyen un rotundo mentís a quienes sacrifican las reglas elementales del rigor periodístico, de la independencia , de la honestidad y de la ética profesional en los altares del mercado, del marketing o de las mediciones de audiencia. O peor aun, los que pretenden mostrar como inevitables derivaciones del ritmo o el lenguaje audiovisual, el amarillismo, la banalidad, la grosería o el mal gusto.
Legados por su hogar, los valores del trabajo, el esfuerzo, la honestidad, la solidaridad fueron el terreno fértil en el que tempranamente asomaron, asociadas, sendas vocaciones, sinónimo de entrega y de servicio: el periodismo y la medicina. Quizás tan templado por esa formación como por la dura experiencia del dolor , maduró temprano y era niño cuando supo que quería ser lo uno y lo otro, médico, neurólogo más precisamente, y periodista. Se lo propuso y lo logró. Diploma de honor en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires estudió simultáneamente periodismo en el Círculo de Periodistas Deportivos, y en sus primeros años, como tantos otros colegas, recorrió clubes, canchas vestuarios y torneos. Realizó un master de especialización en periodismo político en Estados Unidos luego de obtener la beca del World Press Institute que le abrió puertas de universidades, emisoras radiales y redacciones. Y a ese país habría de volver una y otra vez tanto para algunas coberturas que fueron jalonando su trayectoria – está aun fresco su excelente trabajo con ocasión del ataque terrorista a las Torres Gemelas- como para recoger distinciones del New York Festivals, un certamen para producciones radiales donde fueron reconocidos varios de sus trabajos de investigación. Fue precisamente otro programa especial, el que difundió por Radio del Plata al celebrarse los 10 años de la recuperación democrática el que lo convirtió en el primer periodista radial del país en obtener el premio Rey de España.
Reconocido por su particular capacidad como entrevistador, en tiempos de gritos y simplificaciones, de micrófonos alzados casi como armas , Nelson demuestra a diario que la pregunta incisiva y la repregunta inteligente se compadecen con el respeto, con la capacidad de escucha y con la reflexión. Al igual que la ironía o el humor zumbón no demandan groserías ni descalificaciones.
No es casual que la música sea su refugio; que haya sido concertista de guitarra y estudiado dirección de orquesta. Porque hay armonía en sus entregas radiales en las que como si empuñara la batuta siempre consigue arrancar alguna melodía inteligible, creativa y esperanzada por dura y desafiante que resulte la partitura, es decir, la realidad social y política en la que se zambulle sin concesiones.
Me honra representar a la Academia en este acto de recepción y me permite celebrar la incorporación de tan distinguido colega cuya conducta y trayectoria lo muestran francamente comprometido en la insoslayable tarea de recuperación de valores morales y ciudadanos a la que está llamada la dirigencia argentina. Prueba de esa abierta disposición es el tema, la partitura por él escogida para ser estrenada esta tarde en este ámbito ciertamente acogedor para toda manifestación de libertad y de compromiso patriótico.
Para concluir, no puedo ceder a la tentación de parafrasear a Olegario González de Cardedal, teólogo, profesor de Salamanca, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España , y aplicar a Nelson Castro un atinente tramo de la carta que dirigió a un periodista amigo:
“Cuando el furor ciego del poder o del dinero asfixian las conciencias, establecen una verdad artificial o cierran el ancho horizonte de la vida humana, tiene que haber hombres e instituciones que sean pregoneros de la verdad común y de la común esperanza frente a intereses, dominaciones, chantajes y coacciones. Quien toma cada día la palabra pública tiene que ser para defender la común esperanza y no las particulares posesiones. Y cuando defiende a éstas desde una particular ladera, tiene que hacer consciente al lector, al oyente, de ese punto de mira y decirle dónde están los otros.
La realidad del periodismo en el presente de la Argentina
Quise elegir como tema el del presente del periodismo argentino porque me pareció que mas allá de poder hablar de tantas cosas académicas en un foro como este al cual agradezco y le agradezco mucho a usted señor presidente Dr. Escribano y a toda la gente de la academia el que hayan tenido la generosidad de pensar en mi para ocupar este sillón de Olegario Víctor Andrade, un gran hombre de las letras, del periodismo y también de la política argentina. Un hombre que vivió en pos de sus ideales y murió pobre. Un hombre que hizo del pluralismo su destino en el periodismo y que por eso murió pobre. Quise elegir este tema, que por supuesto va más allá de cualquier consideración académica, con lo interesante y apasionante que es el debate académico de los muchos temas que conciernen al desarrollo del periodismo, porque me pareció que era oportuno utilizar esta tribuna para compartir con ustedes esta realidad que hoy vive el periodismo argentino, porque es importante que la sociedad conozca lo que pasa con el periodismo en la argentina, porque de lo que sucede en el periodismo, de cómo se desempeña ese periodismo, de la libertad que tengamos los periodistas, el destinatario, la destinataria, el beneficiario, la beneficiada es la sociedad, es decir, todos.
Y hoy entonces corresponde analizar cómo está esa libertad. Pero también corresponde analizar cómo está la actitud ética del periodismo argentino en relación a esta situación.
Por supuesto que es irregular. Y me parece que es importante que desde un foro como este lo mencionemos porque es una de las tareas pendientes que yo creo tiene, tenemos los periodistas en la República Argentina. La necesidad de autocrítica es una necesidad permanente del accionar del ser humano y por supuesto que siempre es poca la autocrítica que se hace. Y creo yo que es importante reflexionar sobre lo que hoy nos pasa en la prensa para ver si, junto con las cosas a reclamar a terceros, también no es hora y es importante hablar de una actitud autocrítica por parte nuestra que debe ser fundamental para un mejor desarrollo de nuestra profesión.
En este sentido quiero poner de relieve el marco en el cual habitualmente se desarrolla la tarea de la prensa, de la prensa libre. Decía yo antes: “la realidad es difícil, la realidad siempre fue difícil, y será siempre difícil” ¿Por qué? Porque la prensa libre es esencialmente un factor de contrapoder. ¿Qué es esto, qué significa esto? En la relación de los diversos actores y sectores que juegan en una sociedad.
El poder casi por condición inherente a la condición humana tiende a ser unicista, expansivo, hegemónico y, finalmente, intolerante. El que tiene el poder pretende en más o en menos hacer creer o vive pensando que su verdad es la verdad y vive en pos de generar el suficiente nivel de convicción o captación social para que a su pensamiento se sume la mayor cantidad de gente. Como consecuencia de este aspecto unicista el poder tiende a ser expansivo. La consecuencia de esta intención de sumar a la mayor cantidad de gente posible al poder hace que se pretenda que sea cada vez más la gente que esté con quien tiene el poder, por lo tanto dándole cada vez más poder. De ahí se va al siguiente paso que es el de la hegemonía. La idea es no solamente tener más poder sino es lograr ese pensamiento como pensamiento extendido y aceptado como el pensamiento verdadero por parte de todos tratando de disminuir la presencia, el poder, de aquel que esta por fuera de la estructura de poder institucionalizado. Esto lleva a la intolerancia. Estas son las características propias del poder en la historia. ¿Cómo trabajamos nosotros como periodistas y por qué somos contrapoder cuando trabajamos con compromiso ético y cuando trabajamos con respeto a esta condición de libertad? Vamos contra el pensamiento unicista. El periodista que trabaja con libertad y además con concepto de la ética sabe que no hay una verdad y que es importante que a través de su medio se puedan discutir las distintas y diferentes verdades. Por lo tanto la prensa libre es sinónimo de pensamiento diferente. Al ser sinónimo de pensamiento diferente se opone a ese pensamiento único. Se opone además al generar el debate respetando la relatividad (que no es lo mismo que el relativismo moral) de cada una de las verdades. Se opone a la posibilidad de la expansión de un solo pensamiento. Por lo tanto es opuesta al hegemonismo y, por lo tanto, es un instrumento fundamental de la tolerancia. Como consecuencia del trabajo y del apego a estos principios fundamentales de la prensa libre se generan tensiones con las estructuras de poder de cualquier signo. Nosotros tenemos que saber que esto es así y tenemos que estar preparados para enfrentar esto, sino lo estamos, no estamos preparados para ser periodistas.
Y este es un punto central que quiero marcar. Y lo quiero marcar en el contexto de un fenómeno que hoy presenta la Argentina que es la de la gran cantidad de jóvenes que hoy se vuelcan a estudiar periodismo. Es uno de los puntos de la realidad, es uno de los puntos que conforma esta realidad sobre los cuales debemos reflexionar y sobre los cuales sé que hay preocupación en esta academia de la cual hoy paso a formar parte. Estamos preparando a las futuras generaciones de periodistas con estos conceptos, con esta idea clara de la importancia que tiene el apego a estos principios. Si yo tuviera que decir lo que es mi experiencia, diría que, para mi gusto, creo que estamos lejos de generar una formación periodística, en términos generales, lo suficientemente fortalecida en esta preparación del ser humano profesional para acometer la profesión con el conocimiento y, por lo tanto, con el apego a estos principios.
Hoy hay distintas situaciones de presión que se dan sobre muchos periodistas en la Argentina y sobre muchos medios. Con situaciones, algunas puntuales muy conocidas y otras no tanto, más sutiles, pero igualmente preocupantes y que, quienes me escuchan quienes me ven en los programas que tengo la responsabilidad de conducir, sabe venimos denunciando desde hace mucho tiempo porque por supuesto esta no es una novedad en la Argentina de hoy. Esta situación de irregularidad de la libertad, de falta de libertad en extendidos sectores de la prensa no es nuevo. No es ni de hoy, ni de hace tres meses, ni de hace cinco años. Viene desde hace tiempo. Lo que me preocupa es que esto persiste en el tiempo y, lejos de mejorar, continua en algunos casos igual y en otros casos empeora. Dentro de estas situaciones de “peor están...” por supuesto debo mencionar lo que esta pasando en la mayoría de las provincias argentinas en donde el poder tiene un nivel de presión sofocante absoluta sobre aquellos periodistas que quieren trabajar libremente. Y tenemos situaciones que son muy conocidas
Por supuesto que también existen agujeros negros en la profesión. Decía yo al comienzo de la exposición que el tema de la autocrítica constituye un tema fundamental para el desarrollo de cualquier actividad humana y creo que nosotros los periodistas la debemos tener como cualquier otro. También hay fenómenos de corrupción en el periodismo argentino. Son muy difíciles de comprobar. Créanme que en lo personal (y también muchas veces lo hemos hablado tanto con José Ignacio López como con José Claudio Escribano) nos ha preocupado muchísimo esto y hemos intentado en muchos casos avanzar pero, claro, la corrupción no deja señas y se hace mucho más difícil de denunciar, sobre todo, cuando esto no involucra a funcionarios públicos. Pero hay que decirlo, la corrupción también existe en el periodismo argentino y hay una connivencia con sectores de poder por parte de aquellos deshonestos. Y cuando hablo de sectores de poder no me refiero solamente al poder político, me refiero al poder económico. Hay sectores que también actúan desvirtuando esta esencia de honestidad que es fundamental para el desarrollo de nuestro trabajo en libertad.
Y esto también me preocupa porque también hay advenedizos en la profesión y fundamentalmente después de lo que fue la década del ‘90. En la década del ‘90 se produjo un fenómeno muy importante en la República Argentina debido al debilitamiento institucional que tuvo el país, sobre todo con la justicia. El periodismo libre terminó siendo casi el único instrumento de defensa que tuvo la sociedad para impedir, entre otros avasallamientos, el de la Constitución Nacional. Y esto dejó sus huellas. Dejó sus huellas tal vez de la peor manera en algo que no es percibido por la sociedad. Tuvo una huella muy positiva en cuanto al apoyo de la sociedad al trabajo de la prensa, sobre todo de aquella que quiso trabajar mas honestamente, aun cuando hubo de todo. Pero decía, dejó su secuela. ¿Por qué? Porque las estructuras de poder vieron este poder que le da a la prensa cuando actúa como contrapoder y entonces se lanzaron tras los medios. Y hoy el tema de “los medios” constituye un instrumento más de los muchos que utiliza el poder para implementar este pensamiento único, expansivo, hegemónico y, al final, intolerante.
Por esto hay un gran desafío en la República Argentina que todavía esta pendiente. Tiene que ver con la propiedad de los medios y sobre todo en una situación muy delicada como la que corresponde a los medios radioeléctricos.
El país todavía no tiene una ley de radiodifusión democrática como consecuencia de falta de acuerdo político. Y en esto soy muy crítico de todas las cabezas de la dirigencia política en Argentina que no entendieron que aquí había un bien para custodiar en relación a la propiedad de los medios de comunicación que iba más allá de los poderes de turno.
Hoy en la República Argentina cualquier mafia podría tener acceso a un medio de comunicación y tenemos que estar muy alertas de esto porque, de hecho, todos tenemos la percepción que algunas ya la tiene.
Por eso quiero decir en el final que me siento con la obligación y, por supuesto después de este honor conferido por la Academia, con una responsabilidad doble al ocupar este sillón Olegario Víctor Andrade no solamente de exponer estos problemas sino de trabajar, de lo que dependa de mi y seguramente con los miembros de esta academia y de otras asociaciones, por la defensa de una prensa honesta y libre. Y no son dos adjetivos diferentes, son unívocos. La prensa libre es honesta. Cuando la prensa es deshonesta perdió su libertad porque esta sujeta la condicionamiento inmediato de quien pueda tener el poder de turno. Llego aquí con la obligación de llevar adelante todas las tareas que pudiéramos hacer por la defensa de este bien. El periodismo libre y honesto es un instrumento fundamental para hacer a las sociedades más honestas.
Con esas convicciones, con esos sueños, con esas emociones, con esa responsabilidad es que acepto, señor presidente y señoras y señores, este sillón al cual considero un honor que excede a mi persona y lo tomo como un instrumento más para hacer posible esa realidad de un periodismo libre que nos permita vivir en una sociedad más honesta y mejor que todos queremos.
NELSON CASTRO |