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Definiciones del presidente de la Academia Nacional de Periodismo
EL DEBATE SOBRE LOS MEDIOS DEBE PROFUNDIZARSE
Y ENRIQUECERSE CON AUTENTICO ESPIRITU PLURALISTA
Palabras pronunciadas por el presidente de la Academia Nacional de Periodismo en el acto realizado en conmemoración al día del periodista en la sede de esta Academia.
Como todos los años, la Academia Nacional de Periodismo desea acompañar la celebración -ya cercana- del 7 de junio, reconocido institucionalmente en todo el país como el Día del Periodista, con algunas reflexiones fundamentales acerca de la misión que los órganos de prensa están llamados a cumplir, de manera natural, en toda sociedad comprometida con la vigencia plena de las libertades públicas y con la defensa de los principios que amparan la dignidad de la persona humana. Cuando en los siglos XVIII y XIX se organizó el constitucionalismo moderno, los pueblos más identificados con los mandatos del humanismo revolucionario y civilizador, entre ellos la República Argentina, comprendieron que la construcción de sociedades auténticamente libres dependía de la creación de las estructuras propias de un Estado representativo y democrático, concebido a la medida del irreductible principio de la división de los poderes públicos. Pero la realidad cultural demostró que no bastaba con eso. Las grandes repúblicas necesitaban algo más que un estado respetuoso con los principios constitucionales. En efecto: necesitaban que existiera un elemento cultural independiente, ajeno de las estructuras del Estado, a través del cual la sociedad pudiera mantenerse informada de manera permanente sobre los hechos de interés general, pues de otro modo le sería imposible contar con elementos necesarios para ejercer alguna forma de control sobre los responsables del poder público. Así se conformó, en la lógica de las instituciones y de la historia, la misión del periodismo independiente: una misión que completa el sistema republicano, en la medida en que venía a darle a los ciudadanos la posibilidad de examinar y evaluar, con libertad y espíritu crítico, más allá de los alcances de los tres poderes básicos del Estado, la marcha de las actividades políticas e institucionales de cada nación. El periodismo pasó a ser, así, una pieza indispensable para posibilitar e impulsar la renovación permanente y auténtica de las estructuras del estado democrático.
Los grandes diarios no tardaron en incorporarse a la dinámica cultural de los países más identificados con el ideal democrático y hasta se llego a denominar al periodismo, en algunos casos, como un "cuarto poder", como si le correspondiera un rol complementario respecto de los tres poderes clásicos del Estado. Por supuesto, siempre hemos considerado que esa denominación es absolutamente impropia. El periodismo no es un poder ni aspira a serlo en ninguna circunstancia. El periodismo es, fundamentalmente, una expresión de libertad nacida del seno de la propia sociedad independiente y abierta a la búsqueda de la verdad y del progreso y, en todo caso, al alumbramiento de las corrientes de opinión publica necesarias para el crecimiento y la dignificación de la democracia.
Lamentablemente, los hechos cotidianos demuestran en algunas dirigencias políticas e institucionales del mundo que existe, a menudo, una grave incomprensión respecto de lo que significa la misión del periodismo independiente. Desde encumbrados despachos oficiales se insiste muchas veces, en distintos países y especialmente en distintos países del subcontinente americano, en la entronización de metodologías desdorosas o lesivas para el normal ejercicio de la libertad de prensa. La experiencia internacional enseña que allí donde el periodismo independiente encuentra dificultades para desenvolver normalmente su actividad, allí donde la información está siendo regulada u obstaculizada, no tardan en consolidarse sistemas de opresión inconciliables con los derechos individuales y las libertades públicas. Como tantas veces se ha dicho, con fundada razón, la libertad de prensa o de información es la primera que los gobiernos autoritarios suprimen cuando aspiran a instalar un régimen en el que no existan ciudadanos sino súbditos.
Por supuesto, la libertad de prensa es sólo una parte del proceso que garantiza la construcción de una ciudadanía capaz de defender sus derechos a la libre información y su capacidad para el ejercicio de un control republicano efectivo sobre los actos de gobierno. La otra cara del proceso que conduce al eficaz desarrollo de una sana política informativa recae sobre la responsabilidad del propio periodismo y requiere la existencia de una prensa comprometida con la misión de informar con rigor y veracidad y de opinar sin cortapisas ni limitaciones. Así como el Estado de derecho garantiza el respeto irrestricto a la dignidad humana como supremo valor de toda sociedad organizada, la prensa libre se proyecta en el horizonte de la historia como el gran motor que posibilita el progreso de las ideas y el análisis crítico de la realidad en un saludable y gratificante contexto de libertad y auténtico pluralismo.
Las posibles inconsecuencias en ese camino nunca podrán ser corregidas o evitadas a través de controles que conduzcan a posibles excesos de poder. El reciente anteproyecto legislativo que propuso instaurar un estricto marco regulatorio en el ámbito de los medios masivos de comunicación social dio pretexto justamente a debates e intercambios de ideas que deberían ser profundizado s y enriquecidos con un indeclinable espíritu pluralista. La Academia Nacional de Periodismo considera que esos debates deberían extremarse en las esferas académicas e institucionales y está dispuesta a colaborar en la convocatoria a los distintos sectores de la comunidad para que los temas sean discutidos con una vocación participativa cada vez más fuerte e iluminadora. En la medida en que se afirmen los principios que conducen a la construcción de una democracia pluralista y libre, el periodismo independiente afirmará el rol que le corresponde en la construcción de un sistema informativo que permita edificar una sociedad respetuosa de la libertad y en el permanente debate de las ideas. Allí donde el periodismo independiente haga oír su voz y brinde testimonio, la ciudadanía reconocerá su propia voz y trazará sus rumbos y sus caminos. Será la garantía definitiva de que no habrá un discurso monocorde y único, sino un conjunto de voces luminoso y cambiante, hijo genuino de la libertad y del respeto al pluralismo.
Jueves 4 de junio de 2009
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